miércoles, 29 de abril de 2015

Un poquito fanático de Montoya

Sólo cuando él tiene 39 años vengo a darme cuenta de que soy un 'Montoyadependiente' y sólo ahora que reviso la cantidad de material que guardé de él puedo decirlo y reconozco que sí soy su fan. A Juan Pablo Montoya ni lo conozco en persona, pero qué importa, para bautizarme como uno de sus fanáticos basta con recordar cada maroma que he hecho para seguir su carrera.

Obvio fue su momento en Fórmula Uno en el que la fiebre era evidente, aunque en ese entonces no haya sido consciente de que preferí comprarle a Montoya su álbum de BonBonBum sobre los cuadernos de Ana Sofía Henao o cualquier disco de Metallica...

Todo empezó en 1999, cuando ganó en Long Beach. Por radio, Germán Mejía Pinto se descocía de la emoción al reportar a Montoya como el ganador de la válida en la Fórmula Cart. Desde entonces, el Canal Uno compró las transmisiones de la temporada y Caracol Radio le abrió un espacio en una de sus emisoras a los Mejía para que transmitieran sus carreras.

Fue como si hubieran anunciado el IPhone o la integración de tarjetas en Transmilenio: absoluto éxito de taquilla. Montoya ya había corrido dos válidas ese año, pero solo fue después de Long Beach que me inocularon la fiebre Montoyadependiente.

Por fortuna la mayoría de carreras era en horario dominical y decente, es decir pasado el mediodía, pero había sus excepciones y es ahí cuando debo reconocer que sí me volví su fanático. La Cart competía en Australia y a medianoche en Colombia, en mi casa todos andábamos como si fuera 24 de diciembre, solo que sin la música de ¡Candeeeela!, ni el vecino con la de ¡Oooooolímpica se metiooooooó!

Una vez, una de las carreras no pudo terminar el domingo por lluvia y decidieron acabarla el lunes: ¡Nooooooo! En plena clase iba a ser imposible seguirla, pues un inconsciente afiebrado como yo no iba a dejar que eso pasara. Con sigilo y la experticia de agente de la DEA, me camuflé un audífono pequeño que salía por una de las mangas de mi camisa y cada vez que podía me llevaba la mano a la oreja y problema resuelto... "Viene Montoya, cruuuuuuza Montoya... ¡Atención pits, pits, pits... A pits Montoya! ¿En qué clase estaba?, quien sabe.

No salí a echar harina ni a pitar cuando quedó campeón, ni de las 500 millas de Indianápolis ni de la temporada. Qué pésimo fanático o qué pobre muérgano al que su mamá no le dejaba asaltar la cocina.

Una vez el hombre pasó a la Fórmula Uno, la mercadotecnia hizo de las suyas y en consecuencia resulté con tanta maricadita de esa época: afiches, camiseta Michelin, revistas, fotos, grabaciones hasta mis diseños de calendarios con las escuderías y pilotos.

La Gran Carpa obligaba a madrugar. Sí y no solo los domingos, también los sábados porque fanático mamerto que se respete siguió las clasificaciones completas, las 18, una tras otra cada uno de los años en que compitió en la máxima categoría.

Los primeros años fueron tortuosos, porque la Fórmula Uno es un negocio que no se compra de emergencia al tercer domingo de la temporada y en ese entonces los derechos exclusivos los tenía un canal, hoy en Q.E.P.D., llamado PSN. Quedaban dos soluciones o tener el cable con PSN o la cuasi-extinta parabólica con la señal de O Globo (el único que podía transmitir en directo a parte de PSN) En mi casa no había ni a ni b. OMG! Pues a la casa de una amiga de mi hermana fui a parar. Sí, ¡Todos los domingos de carrera a las 6:40 a.m. iba a despertar a esa familia para que me dieran permiso de ver la carrera! Sólo un fanático desquiciado hace esas cosas...

Y si tenía clases de 7:00 los sábados, me quedaba en la puerta del salón hasta que cantaran "bandera a cuadros" pero no entraba sin saber en qué posición había clasificado. Los locos fuimos muchos, hasta los gerentes que decidieron unir Caracol y RCN: "una sola radio para la Fórmula Uno".

Cómo olvidar aquel domingo en que Montoya hizo una de las maniobras más grandes de la historia de la Fórmula Uno, cuando en Brasil pasó a Michael Scumacher, en su tercera carrera en la categoría... ¡Y yo en un colectivo! WTF???? Tenía trabajo de grupo de la universidad y no había logrado estar a tiempo en la casa donde nos reuníamos (a tiempo para la carrera porque para la cita sí iba puntual). Cuando llegué, obvio pedí la señal contra viento y marea en aquel lugar (La familia Rincón) donde el televisor era un adorno al que le pasaban la plumilla de limpiar polvo nada más.


Y si la carrera en Malasia o Japón y la hora no ayudaba, no importaba, ahí estaba despierto escuchando por radio, es más una vez mientras en el bar sonaba Joe Arroyo, yo con mi audífono camuflado seguía a Montoya en Suzuka.

Me tocó vivir la época en la que decidió dar el salto y cambiar la Fórmula Uno por la Nascar cuando trabajaba en El Tiempo. Ese día, aquél domingo fue enorme para mí, pues vi cómo el grupo de periodistas de deportes logró convencer a Montoya de hablar desde Estados Unidos, donde hizo el anuncio, para el periódico. Aquél día no fue el fanático sino el periodista el que presenció la noticia.

El hombre regresó a la Indy, donde tiene nuevamente más chances de ser protagonista y donde le volví a tomar el vuelo. Algunos lo creen vetusto y ya casi un ex, no tengo idea cuántos años más siga, pero sé que por él es que sé algo de automovilismo y es por él que nuevamente vuelvo a estar en la jugada y no soy al único que le pasa lo mismo.


Ah, y un dato más que sustenta mi confesión: ¡Gracias a Montoya tengo visa americana! Sí, le dije al cónsul que lo quería ir a ver en Indianápolis y me selló el pasaporte, al fin y al cabo tengo que reconocerlo soy 'Montoyadependiente'.

Twitter: @alejodiceque


sábado, 28 de junio de 2014

Colombia siempre mejora su historia con goles hermosos

El partido que marcó un hito, que puso un punto en alto y atravesó un listón monumental en la historia del fútbol colombiano llegó adornado de un regalo que solo los grandes maestros, los cracks, son capaces de realizar. James Rodríguez se encargó de crear una obra, una verdadera maravilla para estamparla en la memoria colectiva del país, el 1-0 ante Uruguay, ese magistral gol fue la alfombra roja que le dio la bienvenida al capítulo más grande y jamás escrito por el fútbol colombiano: meterse entre los ocho mejores de un Mundial.

Y es que no podía ser de otra forma. Colombia y Uruguay jugaban en el Maracaná, el templo del fútbol. El Olimpo donde cualquiera que patee un balón quisiera estar y donde grandes maestros del 'jogo bonito' encabezados por Pelé desfilaron con su talento, marcando goles de enormes facturas. Esos antepasados volvieron este recinto un espacio sagrado para el fútbol y si algún futbolista tiene el honor de jugar ahí, por respeto debe rendirle honores con talento, por eso, en el juego histórico para Colombia no cabía gol feo y James elaboró uno con su adn y finalizó otro gestado con el tradicional toque de la Selección.

Foto: @FIFAWorldCup
El maestro zurdo se guardó su eterno lugar en la historia de los mundiales a los 28 minutos del partido. Recibió el globo de cabeza que le entregó Abel Aguilar, quien luchó porque Colombia no perdiera el balón en la jugada que le antecedió; James puso su pecho como si fuese una pista de aterrizaje para que la bola allí fuese a parar. Mientras el balón pedía 'pista' James ya le había dado destino en su mente, por eso cuando el Brazuca tocó su escudo, inició la media vuelta y sacó el pincel, se puso de frente, vio el lienzo, allá estaba el arquero Fernando Muslera,  y sin dejar que el balón tocara el suelo, le metió el zurdazo, parado a 20 metros de distancia, envió el remate contra las pestañas del horizontal, hizo volar al uruguayo y firmó su majestuosa obra: ¡GO-LA-ZO!

Así ha sido en la historia

La corta historia de Colombia en los mundiales se cuenta con golazos. En 1962 Colombia jugó por primera vez en la máxima cita orbital. Pocos recuerdan aquél equipo dirigido por Adolfo Pedernera, casi nadie tiene en su memoria los tres resultados de la Selección en el torneo, salvo el 4-4 ante la Unión Soviética. Colombia perdió en el debut 1-2 ante Uruguay y cayó en el cierre 0-5 con Yugoslavia.

Pero en el 4-4 histórico quedó una joya que sigue vigente: el gol olímpico de Marcos Coll. Un golazo ante la 'Araña' Negra, el famoso y mítico Lev Yashin. Al más grande, uno de los nuestros le hizo el único gol olímpico de todos los mundiales.

Y en Italia 90, nadie olvida el minuto 47 del segundo tiempo ante Alemania en el Giuseppe Meazza de Milán. Nadie deja de suspirar una y otra vez cuando se repiten, en esos videos desgastados y borrosos los segundos de gloria en los que el 'Pibe' Valderrama trianguló con los mediocampistas hasta que se destapó Freddy Rincón y le lanzó el pase de ensueño, que el vallecaucano enalteció con su hermosa definición entre las piernas de Bodo Illgner. Un gol que se ha cantado durante 24 años y había
sido tildado como el momento cúspide de nuestro fútbol.

Colombia estuvo en Estados Unidos 94 y Francia 98, pero su participación fue frustrada y a pesar de que consiguió cinco goles en estas dos ediciones, no son tan valorados como estas otras maravillas, en cambio, en su regreso mundialista, en Brasil 2014, Colombia vuelve a tejer una gran proeza y con ella tiene anidada goles de gran calidad, goles que sí van a quedar en la posteridad, no solo por su clase, sino por lo que significan, pues la Selección se está abriendo camino en su historia y está sentando un precedente internacional, que no sabemos que magnitud tendrá.

Cada vez que Colombia mejoró su historia, lo hizo dejando grandes recuerdos gracias a los botines de Coll, de Rincón y ahora de Rodríguez. ¡Esto es para nunca olvidar!

Twitter: @alejodiceque

martes, 24 de junio de 2014

"Mondragón, dale, dale rápido que entrás"

Un periodista británico describió el momento al minuto 81 del partido con una frase: "Mondragón en 1998 era un mar de lágrimas en Lens y hoy es un mar de llanto... pero de felicidad"... Y sí, ese océano de lágrimas que hablaban por el pundonor, por las ganas de querer seguir compitiendo en el Mundial, por el dolor de dejarlo todo en la cancha, de entregarse hasta el último minuto, eran la expresión de Colombia aquél día en que Inglaterra le daba el adiós a la Selección del Mundial, pero 16 años después las mismas lágrimas, corriendo por esas mejillas más añejas tuvieron otro sabor, al dulce sabor de la victoria, de palpitar y respirar un sueño cumplido.

Faryd Mondragón se convirtió el 24 de junio de 2014 en el jugador más veterano en competir en un Mundial de fútbol y al mismo tiempo en el jugador que más tiempo esperó para volver de un Mundial a otro, pues es el único que aguardó 16 años para regresar a la máxima cita orbital. Además es el primer arquero colombiano en atajar en dos Mundiales, Francia 98 y Brasil 2014.

No era su plan inicial

Mondragón regresó a Colombia a sus 41 años para darle fin a su larga y prolongada carrera como futbolista activo. Aceptó el proyecto del Deportivo Cali con el que sus ganas de seguir jugando se extendieron más de lo planeado.

Él no le puso límite a su última palomita en el fútbol competitivo, dejó que el mismo destino fuese decidiendo, pero en ese plan no tenía pensado el regreso a la Selección Colombia. Su meta era el Cali y poder festejar un título en el país, pero por algo, había dejado que el destino fuese su mánager. Mondragón ingresó al plan de Pékerman en la eliminatoria mundialista y no por uno ni dos, o algún amistoso atravesado, sino para todo el proceso.

El arquero caleño se volvió a contagiar de la tricolor desde agosto de 2012 y desde entonces fue parte de la simbiosis a la cuál hoy pertenece. Una vez Colombia confirmó su presencia en Brasil 2014, no tuvo duda de que esa era la meta que el destino le había preparado. Mondragón luchó para entrar en la convocatoria mundialista, su último año en Cali lo pasó con buena nota, incluso con otros dos premios recogidos en el camino, volvió a Copa Libertadores y alzó un título en Colombia, el de la SuperLiga.

Su reloj biológico le marcaba ya 42 años cuando la ilusión de verse de nuevo en un Mundial pasaba a ser cierta. Mondragón volvería a la máxima cita de cualquier futbolista, solo necesitaba unos pocos minutos para tomar revancha y devolverle al destino una cara distinta a la de la derrota.

El mayor entre 736

Mondragón apareció en el registro estadístico de FIFA como el hombre de mayor edad inscrito dentro de los 736 nombres que harían parte de Brasil 2014, un lujo de pocos, muy pocos. Pero la sorpresa sería mayor cuando por coincidencias del mismo destino, su edad podía dejarlo como el hombre récord de los Mundiales, superando al camerunés Roger Milla.

El arquero sabía que su presencia en la Selección era más para aprovechar sus cuatro décadas de bagaje y su memoria mundialista, esparciendo enseñanzas entre los demás jugadores y que su posibilidad de actuar era difícil, mas nunca perdió el profesionalismo y siempre estuvo al 110%, porque ese es el deber de un suplente y ante la inminente posibilidad de establecer la marca, su ilusión creció con el pasar de los días, desde que inició la concentración final.

En el calendario había una posibilidad: el tercer partido, pero dependía de que Colombia llegara clasificada o que ya estuviera eliminada. El escenario ideal era el primero, porque el segundo sonaba más a premio de consolación y así no se podía enmarcar su despedida.

Después del campañón de Colombia en el grupo, sumar seis puntos y clasificarse anticipadamente, se dio lo que el destino quería que se diera para Mondragón: el escenario ideal, Colombia jugaba ante Japón en Cuiabá sin comprometer su avance, solo faltaba el visto bueno de José Pékerman.

Un deseo contenido que estalló a los 84 minutos

Los 23 jugadores deseaban, de dientes para adentro, que el seleccionador le diera el sí a Mondragón y lo dejara jugar. Ante las cámaras los jugadores ocultaban la ansiedad con respuestas de mantener primero el espíritu de equipo, sin embargo el deseo seguía ahí. Pékerman anunciaba la nómina con ocho cambios y David Ospina, el arquero titular, se mantenía.

Ahora todo dependía de que los hombres en cancha hicieran todo perfecto para que con la tranquilidad del resultado, Pékerman se animara a hacer la sustitución.

Al final de los primeros 45 minutos, Colombia y Japón igualaban 1-1 y Colombia mostraba más dudas que fortalezas. El técnico argentino dio un timonazo en el camerino y realizó dos cambios de una sola vez. James Rodríguez y Carlos Carbonero ingresaron por Juan Fernando Quintero y Juan Guillermo Cuadrado. ¡Solo quedaba un cambio por consumir! Nada podía salir mal, los once muchachos en cancha debían arreglar el resultado y llenar de confianza a Pékerman, además ninguno se podía lesionar, o el destino de Mondragón cambiaría.

Y fue a los 81 minutos cuando Jackson Martínez acabó con angustias, ansiedades, dudas, rabias, euforias y abrió el telón. 'Cha cha chá' marcó el 3-1 con el que Colombia aseguró el resultado. Fue la celebración más esperada, ese gol fue la prueba de fe que el técnico estaba esperando para romper su silencio y emitir la orden. Pékerman no lo dudó un segundo más, se dirigió a Mondragón y le dijo: "dale, dale rápido, que entrás".

"El papá de los Mundiales"

Mondragón ni siquiera calentó, se puso los guantes, le dio un beso de agradecimiento a Pékerman, beso de fe, beso que materializó un sueño, que quedará grabado en sus memorias para la eternidad.

El reloj ya marcaba el minuto 82 cuando el cuarto árbitro marcó los números de quien entraba y quien salía. Pasó un minuto más hasta que el juego se detuvo.

David Ospina abandonaba el área mientras le pedía a los miles de asistentes al Arena Pantanal, sin importar el color de su bando, que aplaudieran porque el anhelado momento histórico estaba por presentarse y tenía que tener un ambiente digno de recepción, al punto que sin importar en qué lugar del planeta lo estuvieran viendo en una pantalla de televisión, se sintiera la misma conmoción que ellos estaban protagonizando en la cancha.

El cronómetro marcaba los segundos finales del minuto 83 cuando Ospina llegó a la raya y se saludó con Mondragón. Fue un abrazo generacional, quizás de padre a hijo, porque eso que acontecía, como tituló un noticiero, era la confirmación de que Mondragón se convertía en el "papá de los Mundiales".

Y con una cara de incredulidad ante la gesta, incapaz de contener las lágrimas y al aplauso unísono del estadio, Mondragón ingresó y se ubicó en la portería. Era ya el minuto 84 de juego cuando se reanudó el partido y oficialmente a sus 43 años y tres días cumplidos, el arquero colombiano bajaba al camerunés Milla de ese récord y se lo imponía a sí mismo hasta que algún otro 'papá' quiera arrebatárselo en un futuro. Para los que presenciaron, el momento fue sublime, para él fue un torbellino de sentimientos que tuvo que maniobrar, porque la bola estaba en juego y su deber era mantener a salvo el arco de Colombia.

Once minutos después terminó el partido, con cinco de ellos de adición, y con marcador final de 4-1 sobre Japón, Mondragón cerró su carrera bajo los tres palos. Volvió a llorar al tercer partido como hace 16 años en Francia, pero ahora triunfante y como hombre récord, parado en el centro de Suramérica y en medio de la ovación de miles que lo recordarán como un héroe.

El Mundial no acabó para Colombia en el juego ante Japón y solamente el mánager de Mondragón, el destino, será el que diga cuando será el momento final de su última travesía futbolística llamada Brasil 2014, hasta entonces podrá seguir escribiendo la historia que no acaba de contarse...

Twitter: @alejodiceque

sábado, 25 de enero de 2014

14 comercialazos cantables volumen único

Qué tal si hacemos un recorderis de los comerciales que se nos quedaron grabados en la memoria porque es muy fácil repetir lo que decía su contenido, que era cantado, como una especie de eso que los publicistas decidieron llamar 'jingle'.

Los 14 comerciales que seguramente son de los más cantados por los colombianos (lo siento por los latinoamericanos que leen también este blog) desde que salió la tv. Bueno en realidad lleva más de 50 años pero solo desde los 80, que tuvo auge la publicidad en televisión es que se notó el esfuerzo por hacer que estos productos llegaran a la memoria del consumidor.

Y ojo, no solo fueron diseñados para televisión, de hecho como son 'canciones', en radio también impactaron y sonaron mucho. Por eso esta lista se basa en los que cantamos, porque ahí en el mundo de los 'tops' aparecen listados de los más recordados o los mejores, o los peores... en fin, esta lista no es visual, es para cantar.


 Aquí está la recopilación de los 14 comercialazos cantables volumen único... para siempre.

1. Magicolor, ¡color, color!, doble punta, doble color.


2. Siempre Coca-Cola




3. Navidad Águila Roja.


4. Águila Roja, un granito de café


5. Quipitos, qué sensación más loca




 6. La fina, la margarina (Que se canta combinando todas las vocales... la Fana la margarana...)


7. BBVA, Adelante 


8. GenfarGrip, hecho solo para radio





9. Doria, una semana completa


10. Postobon, con Manolo Cardona


11. Gudiz... (Para los más retros)



12. Detergente Top (Un himno)



13. Parmalat.



14. Colgate. Doctor Muelitas


BONUS TRACK (Como todos los 14 comercialazos cantables, este debía tener un extra) Hora de Acostarse.




Y se quedaron unos cuantos más por fuera, pero es que eran 14 nada más. Igual si recuerdan, están "recatadas tranquilitas con su Lipton Tea...", o "La gente quiere a la gente, la gente quiere a Conavi", o "De dónde son tus zapatos, son Jazz, son Jazz"... Entre los que se guardan en la memoria de cosas que quien sabe si sean importantes, pero ahí quedan guardadas, para siempre.

Twitter: @alejodiceque

jueves, 12 de septiembre de 2013

¿Novelero yo?

Quién no ha sido manchado por una telenovela en su vida. Si usted nació en el siglo XX no tiene escapatoria, no lo niegue, en algún momento algún culebrón pasó por sus ojos y en su cabeza algo le quedó. (¡Los del XXI no crean que se salvan!)

Yo fui uno de esos que mientras creció viendo Mazinger Z, Los Magníficos, Lobo del Aire, Tom y Jerry (Los de verdad, no los hijos de Uribe), Caballeros del Zodiaco, etcétera, accidentalmente sufrió lo que podemos llamar crianza subliminal.

Mientras muchos fuimos criados en una aparente vida normal, inconscientemente íbamos recibiendo señales telenoveleras influenciadas por mamás, tías, empleadas del servicio -los más pudientes-, abuelas y todas aquellas que tenían el poder de controlar el televisor en las mañanas y tardes.

Consecuencia de lo anterior, en mi cabeza quedaron varias imágenes y canciones que si llego a oírlas ahora, de inmediato salta en mi mente la cara de las protagonistas de la época, así yo jure y recontrajure que lo que veía era a Oliver Atom y Steve Giuga, que todas las monedas se me iban en las láminas de los álbumes de Supercampeones o las Tortugas Ninja, que jugaba con mis primos, amigos reales e imaginarios a ser Colt Seavers (Profesión Peligro) o Max Ray, Jake Rockwell y Ace McCloud (Los Centuriones para los desmemoriados)

Pero qué le vamos a hacer, las novelas entraron como mensaje subliminal, como parte alterna de una vida a la que aparentemente no le puse cuidado y por eso cuando me dicen que si me acuerdo de mis años de jardín infantil, también de inmediato regresan las memorias de las onces donde mi abuela y con 'Lola Calamidades' de fondo...




Y los viernes en las noches...



Y se supone que al medio día yo estaba estudiando, entonces por qué rayos me acuerdo de 'Topacio' y 'Cristal', traídas por don Jorge Barón Televisión...






¿Y qué pasaba cuando salía del colegio? Cancioncita que perdurará para siempre en mi cabeza...



Es que ni del bachillerato me escapé... Jorge Barón la puso a las tres de la tarde...


Y si hablamos de lo nacional, vuelvo e insisto, yo no la veía pero aquí se quedó...



Esta otra novela no sé cómo sigue rondando en mis memorias, si para la época ya existía Tv Cable, ¡con ESPN!



Acepto que sí hubo varias que vi, prácticamente de principio a fin. Un ritual diario, como 'Café', 'De pies a cabeza', 'Clase aparte, 'Las Juanas', 'Dios se lo pague', 'Yo soy Betty, la fea'... y gracias a que la tv por cable de ahora le da por poner canales dedicados única y exclusivamente a las novelas, cada vez que hago zapping, me tropiezo con novelas como 'Gallito Ramírez', 'La mujer del presiente', 'La guerra de las Rosas', 'El fiscal', sin hacer énfasis en la trilogía de Thalia con  'María Mercedes', 'Marimar' y'María la del barrio'... ¡Todas me son familiares!, entonces me pregunto si toda la vida he sido ¿Novelero yo?

Twitter: @alejodiceque

sábado, 24 de agosto de 2013

Narcolepsia gasolinera

¡Cuidado!, puede atacarlo en cualquier momento, a cualquier hora, no importa el lugar ni el antes ni el después, ni siquiera si anda prevenido tratando de evitarlo... Cuando menos lo imagine usted será víctima inminente, usted habrá caído en sus garras, o brazos si quiere ser tierno y llamarlo así, lo cierto es que apenas usted aborde un bus de transporte público, habrá entrado en sus dominios y de forma inminente se habrá dormido. ¡Cuidado! Usted será otra víctima de la narcolepsia gasolinera.

No hay remedio, cuando usted se sube a un bus, camión o colectivo está atrapado. Puede ser fuerte y resistir, pero en algún momento cederá y el sueño lo invadirá. ¿Le ha pasado verdad? Recuerda que no ha sido una o dos veces, sino una cantidad indeterminada de ocasiones... ¿Y alguna que otra embarazosa?

Llegar juicioso y a tiempo a la parada del bus suele ser normal (para los que no andan llegando tarde) y si es hora pico, entonces esperar con más y más gente que va llegando a tomar el mismo transporte. Puede que sea un día frío o caluroso, lluvioso o con mucho viento, igual todos miramos a lontananza queriendo que llegue el bus. Pasan uno, dos, tres minutos y finalmente lo que esperamos está ahí al frente. Lo que no todos saben es que en ese momento uno se vuelve una mosca atraída por la luz de neón que pronto nos va a achicharrar.

Se abren las puertas para abordar, si no es hora pico, seguramente habrá una silla vacía. Luego vienen dos momentos simultáneos: El bus se pone en marcha y uno se sienta. Es como el cambio de luces en el semáforo. Cuando uno termina de acomodarse, es la luz verde para que ataque la narcolepsia y uno, víctima inocente, sin llevar más de dos cuadras transportado empiece a sentir cómo los párpados se oxidan y ya no se retraigan, sino que se caen más y más. Todo lo que iba haciendo se interrumpe, si iba pensando, su pensamiento se nubla, si iba leyendo, las letras se le pierden, si iba oyendo música, de pronto pasa a tenerla en un lejano tercer plano...

Es como haber ingresado en una cámara de gas, como si adentro del chasis del bus no llegara aire sino un anestésico ¿Y qué tal cuando las ventanas son herméticas y no hay posibilidad de abrirlas? Tic toc, tic toc, tic...zzzzz ya el sueño ganó, ¡Menos mal uno había alcanzado a acomodarse!

El ataque tiene un objetivo

Lo curioso del poder narcoléptico que tienen los buses es que a muchos los pone en situaciones realmente incómodas. Los que se duermen lo agarran a uno como almohada. Y que levante la mano y se haga notar el que no ha sido almohada de algún extraño que ha sido noqueado por la narcolepsia gasolinera.

A otros, el poder invasivo les adormece hasta los músculos y el cuello se vuelve incapaz de sostenerles la cabeza, que se les descuelga y empieza a dar tumbos en el aire, bailando al ritmo que lleven las curvas de la calle. Estos son los personajes que tiempo después tocan sus cabezas y sienten uno que otro chichón sin saber dónde se lo ganaron. No recuerdan que en el bailoteo mientras dormían en el bus, sus cabezas acabaron golpeando o el espaldar de sus sillas o las del frente. Esos momentos son los que goza el enemigo que pulula en el aire de los buses.

Y tenemos el grupo de aquellos que se duermen y sueñan con el dentista y le muestran a todo el bus sus hocicos babeantes abiertos a todo lo que dé el maxilar.

¿Roncadores? No se ven mucho, pero existen. Solo que hay que saberlos encontrar, por ejemplo los que van por carretera, de pueblo a pueblo. Esos incluso son todo en uno, agarran de almohada al de al lado, babean con la jeta abierta y pegan su úvula al tubo respiratorio, para emitir los incómodos ronquidos (incómodos para el que está despierto)

Otros dejan más que sus siluetas dibujadas en las ventanas. Cuando caen noqueados, prácticamente ponen su adn sobre el vidrio.

Ah pero no podemos dejar olvidadas a las víctimas que no encuentran silla. ¡Sí!, la narcolepsia también golpea a los que van de pie, agarrados de la baranda. Esos pobres sufren durante su viaje, no importa si es de cinco, diez o más minutos. Una vez han sido invadidos por el sueño, tienen que batallar a muerte contra él.

Cuando empiezan a cabecear, se dan cuenta de que están perdiendo la pelea. Respiran profundo y fuerte, se sacuden, intentan volver en sí, pero el contraataque no tarda y llega más fuerte. Vuelven a cabecear y peor aún, sus rodillas se doblan. Ahí, justo en ese momento, son conscientes de la realidad, el sueño les ganó y ya controla hasta sus articulaciones. ¡Pobres! solo la baranda de la que van agarrados los salva de un oso mayor. Si no fuera por ese tubo, terminarían encima de alguien, dormidotes a placer, tal como el enemigo lo planeó.

La narcolepsia gasolinera es tan descarada que ataca así sea durante un trayecto de una estación o de un par de calles. Ataca cuando uno va hablando con por teléfono o, increíblemente, con alguien, ¡En persona!

No es un sueño plácido sino como una especie de cárcel para la consciencia que sigue despierta, sufriendo y gritando desde el fondo que despertemos para que no nos pasemos de nuestra parada, no nos descolguemos de la baranda o vayamos a caer en el hombro del vecino.

Lo triste es que no tiene cura y seguirá pasando y todos irán como mosca a la luz, directo al bus a que los noquee. Tome todas las precauciones que pueda, pero es inevitable no caer en sueño profundo. Ojalá usted no sea de las víctimas que incomodan a los otros, ojalá usted sea de los que disfruta de dormir en un bus, así que, si puede, en su próximo viaje urbano, que tenga dulces sueños y feliz viaje.

Twitter: @alejodiceque

domingo, 28 de julio de 2013

¿Visa? Puro cuento gringo...

La cita era a las 8:00 en punto, Greenwich y Miryam estaban alineados. Lo que pasara en el el meridiano simultáneamente pasaba con ella, había hecho una especie de conjuro celestial para estar alineada al rey del tiempo, la razón era una sola, ese día iba a poner su cara frente a un cónsul americano y lo que menos debía parecer, era que ella era colombiana, por eso la puntualidad era más que necesaria.

Pero Miryam tiene una ventaja sobre cualquier nacido en Macondolandia, es que ella tiene espíritu extranjero-gitano-britanico-euro-americano, aunque haya nacido en las entrañas de Zipaquirá.

Miryam un día cualquiera dijo que quería tener su visa americana, que era el colmo que ella, toda una diosa de los controles migratorios, no tuviera la visa de los Estados Unidos de Norteamérica, eso era peor que tener Ipod y no contar con cuenta de Itunes para llenarlo...

Al mismo tiempo, la familia Cipagauta; conformada por el papá, Don Hermes Cipagauta; la mamá, Gloria Tibocha y los dos retoños; Anyi Cipagauta, que ya estaba a punto de tener contraseña y Maicol Cipagauta, se reunían aquella mañana porque Don Hermes anunciaba algo trascendental: "Mija, niños, vamos a pedir la visa a Estados Unidos, que su tía Patricia dice que ahora sí está fácil sacarla y podemos ir a verla y mirar a ver si nos animamos a hacer patria por allá".

Patricia, hermana de Don Hermes, fue una aventurera que hace unos ocho años cazó a un gringo que de casualidad pasaba por Bogotá y desde entonces goza de la ciudadanía americana. Ella no viene seguido a Colombia y ahora está dispuesta a recibir a su hermano y a su cuñis por unos días para que calmen fiebre.

Del deseo a la práctica

Miryam apenas si miró el calendario, señaló una semana del mes de septiembre como posible fecha en la que quería empacar maletas de nuevo, pero no le puso mucha atención.

Los Cipagauta empezaron con juicio a seguir paso a paso el ritual de instrucciones para cumplir con el trámite. Ellos nunca habían viajado fuera de Colombia, ni siquiera conocen San Andrés.

Don Hermes dio instrucciones claras a su esposa: "La tarjeta de crédito no la toca, hay que dejar la cuenta quieta y meterle más platica o si no nos van a creer que tenemos solvencia".

Myriam entre tanto, disfrutaba del Whatsapp con todos sus amigos en el mundo, le escribían hasta de lugares donde no había Whatsapp... ¿Cómo? Ni idea, pero así sucedía... Cuestiones del conjuro ese que hizo...

Don Hermes logró que su compadre le consignara un par de millones a 60 días, con algo de intereses, todo era para engordar su cuenta, además se consiguió una 'palanca' en una notaría para que le certificara otros papeles y hasta una finca a nombre suyo.

A Myriam le llegó un mensaje de Whatsapp... "¿Cuándo vas a viajar a Estados Unidos?"  -¡Marichis! Se me olvidó pedir la cita, voy a entrar a Internet a pedirla-

Los Cipagauta pidieron cita como grupo familiar, aconsejados por un asesor de la agencia 'Emigra, vete y lárgate', especializada en migraciones hacia Estados Unidos y Canadá. Don Hermes fue uno de los cientos que asistió a su charla de cada sábado en un salón de hotel, donde sin duda, la pomposidad de la reunión lo convenció de que no eran unos charlatanes.

Myriam prendió el computador buscando la página de la embajada, pero se encontró una amiga del Reino Unido en Skype... Ese día, la amiguis aplazó el trámite.

La habilidad de Don Hermes era increíble, pagó el Icetex de su hija con un préstamo que pidió en su trabajo, así no le iba a aparecer tamaña deuda en los extractos y para cuando se presentara en la embajada, el préstamo de su trabajo no alcanzaba a salir reportado... Todo un zorro de las finanzas.

Qué clase de inmigrante eres

Pasados varios días, Myriam por fin tuvo escarmiento y se dedicó a pedir su cita en la embajada. Leyó los requisitos y comenzó por el formulario.

Myriam no era empleada, no recibía desprendibles de nómina y nadie le consignaba en su cuenta. Había renunciado a su trabajo a principio de año y se había tomado unos meses para pensar en su nuevo rumbo.

Ella resolvió ese formulario como un juego de triqui, en un par de pestañeos ya estaba guardando e imprimiendo.

El asesor de los Cipagauta se tomó el trabajo de citarlos para pasar toda una tarde llenando los formularios uno a uno. Obvio, ese tiempo costaba y Don Hermes estaba dispuesto a pagar esa ayuda profesional, con tal de que pasaran impolutos los formatos de las visas de turistas.

Don Hermes no quería enredarse, que si la B1, la B2, la C5, la D9... Ese bingo no era para él... Y tampoco lo fue para Myriam, ella ni leyó en qué clase encajaba, ella solo puso sus ojos donde decía turista y nada más.

Alistando evidencias

Mientras los Cipagauta consiguieron, cada uno, certificados de estudios, de trabajo, de contador notariado, certificaciones judiciales y hasta médicas donde hacían constar que ellos estaban más que comprometidos en Macondolandia, y que la amaban tanto que juraban con su sangre que tenían todas las intenciones de regresar del viaje, Myriam hacía cuentas de cuánto cupo le quedaba en su tarjeta...

Los Cipagauta reunieron todo lo que pudieron, además de las certificaciones, del extracto bancario emitido por el banco doce horas antes, como pan recién horneado, donde la cuenta lucía intacta, llevaron escrituras, unas 'palanqueadas' en notaría; Anyi se inscribió en el Sena en una carrera técnica de Moldeado de jarrones y marquetería y llevó el recibo de pago. Don Hermes llevó la carta donde se hacía responsable de todos y con la cuenta 'gorda' de su banco él respondía económicamente por el viaje.

Myriam, la noche anterior, empezó a buscar qué papeles tenía guardados que le pudieran servir de soporte. Encontró un par de diplomas, un certificado de IELTS y un pasaporte viejo que ya se había vencido.

El día del sellado

Los  Cipagauta se quedaron la víspera donde un familiar, que vive cerca a la embajada. Don Hermes muy puntual, a las 4:00 de la mañana se levantó, se alistó y revisó cada uno de los papeles que iba a presentar. Repasó las respuestas a las posibles preguntas que recibiría, ensayó con su esposa y sus hijos, fue el vigésimo experimento antes de afrontar el momento definitivo. Cada paquete de evidencias era tan grueso, que tuvo que usar legajadores para mantener en orden sus soportes.

A las 7:00 de la mañana, ya estaban cruzando la calle 26. Tenían al frente el primer pedazo de suelo americano. Se hicieron junto a una reja, esperando a que abrieran la atención al público.

Una hora después llegó Myriam. Vio como decenas de macondianos hacían una fila encabezada por los Cipagauta. Eran las 8:00 a.m., estaba puntual como se lo propuso, no hizo fila sino que esperó a que empezaran a entrar.

Myriam, con su sexto sentido britanico-euro-americano, recibió su turno de llamado y se dispuso a esperar con su formulario, par de diplomas, pasaporte usado y las ganas de cambiar de rumbo.

Los Cipagauta fueron los primeros en pasar a la ventanilla. Sintieron que iban hacia un patíbulo o donde el mismo Dios los esperaba para juzgarlos.

Cuando se pararon al frente del ventanal, apenas si podían ver quién estaba del otro lado, pues el grosor del vidrio de seguridad eliminaba en gran porción la silueta del verdugo.

Escucharon una voz por un parlante, fue seca y directa, sin saludos ni cortesías. -¿Ustedes viajan por qué motivo?- -Señorita, dijo Don Hermes, nosotros queremos ir a conocer La Florida y a visitar unos parientes-. -¿La Florida?, replicó la voz de la que no se puede asegurar si era señorita o no-, -Sí, es que allá viven nuestros familiares, respondió Don Hermes, sudado y palideciendo-. -No entiendo ¿Quiere ir a conocer La Florida o a visitar unos parientes?-, -No, es que ahí dice en el formulario, que vamos para Fort Laderde, ahí vive la familia que le digo-, -¿Y cuánto tiempo intenta permancer en Estados Unidos?-, -Unas semanitas no más, no nos alcanza para más, señorita-, -Espere un momento, por favor, detrás de la línea amarilla que está en el piso-, dijo la voz por última vez.

-Señor Cipaguto, su visa ha sido negada, aquí tiene las instrucciones a seguir-, -¿Pero señorita, por qué?-, -Por favor retírese a un lado y lea el instructivo-, -Pero ¿señorita? ¿Y no puede mirar los papeles que me piedieron? Mire los certificados, el reporte del contador...-, -No es necesario, por favor retírese para poder continuar con el siguiente turno-.

Al rato, Myriam pasó. escuchó la misma voz seca por aquél parlante y Myriam respondió a la única pregunta que recibió -Voy por viaje de placer, estoy interesada en algunos lugares de Utah- Myriam pasó sus evidencias como todos los borregos macondianos. Esperó y sin fijarse si habían pasado segundos, minutos u horas, ella escuchó, -Su visa ha sido otorgada, por favor diríjase a la ventanilla del correo para coordinar la entrega de su pasaporte-.

Myriam se retiró, prendió su teléfono y empezó a comunicar a todo el mundo por Whatsapp que iba tras la conquista de Utah. Ahora que le quedaba el resto de la mañana libre, seguramente se iba a ir a la peluquería a hacerse las uñas y en la tarde, miraría en qué se ocuparía...

Mientras que los pobres macondianos, en cabeza de los Cipagauta, se retiraban por un costado, hacia la puerta de salida del único pedazo de Estados Unidos en el que estuvieron, con su arrume de evidencias, confirmando de que siguen con una cadena atados a Colombia, sin estrenar pasaporte y pensando en que la visa... Es puro cuento gringo.

Twitter: @alejodiceque