viernes, 12 de junio de 2015

El arte de las películas en familia

Los puristas dicen que deberían abolir el doblaje de las películas. No se debería cometer el pecado de quitarle el sonido original de las voces por otras mexicanizadas u españolizadas, en nuestro caso de hispanohablantes, pero esos son los puristas... Aquellos que se muerden un puño cuando escuchan a Gokú como John McClane o Bruce Todopoderoso... Aunque un purista no tendría por qué andar viendo este cine comercial al que llaman, basura. ¡ops!

Ver una película sin doblar es agradable cuando uno se acostumbra a la voz original del actor, pero no por eso debemos darle machetazo limpio a las copias que vienen con audio doblado; la razón, sencilla, hay quienes por necesidad deben tener la opción del audio y no sólo me refiero a ese que dice "audio for impaired", sino los que además vienen doblados en múltiples idiomas.

No todos somos jóvenes y bellos (sarcasmo), hay adultos mayores que no tienen un rango y agudeza visual ideal para andar leyendo subtítulos y hacer un escaneo de la pantalla para ver lo que está pasando, si no me creen pónganle cuidado a sus papás...

Hay gente que quiere disfrutar de los mismos balazos, choques y maniobras de Denzel Washington, sin importar si habla con su voz en inglés o con una prestada en español, ruso, italiano, mandarín...

Gracias a actores de doblaje como Mario Castañeda, mucho de Hollywood es familiar, de hecho, en ciertos personajes, pues, por ejemplo, Castañeda encarna con su voz a Jim Carrey o Bruce Willis. También lo hace Juan Carralero, quien suele ser Will Smith, bueno, quizás apenas se estén enterando quienes son los dueños de las voces en español, pero cuando vemos películas dobladas con estos personajes, lo normal es que queramos oír la misma voz, como la de Carralero, quien adoptó a Smith desde el Príncipe del Rap y a la fecha sigue doblándolo en sus producciones.

Conflicto con papá

Habiendo abordado la parte teórica de esta entrada, pasamos a la anecdótica, la que inspiró este texto. Llevo varios años con un dilema que ha ido creciendo silenciosa y notoriamente: A la hora de ver cine con mi familia, se están acabando las opciones, la razón: ¡TIENE QUE SER DOBLADO!

Familia unida, permanece unida, hasta para ir a cine, pero resulta que ahora si la película no está doblada, la cabeza de esta familia decide abortar el plan. Así es, a mi querido padre le entró por ver cine doblado casi que en exclusivo y cuando no le quedan más opciones que entrar a la sala a ver una subtitulada, pareciera como si el maíz se le apichara y la gaseosa se le salara... El por qué, arriba quedó explicado.

Y cuando se trata de DVDs... La historia va por la misma vía. Ver un DVD con él es verlo en español y además, con subtítulos activados, cosa que si el diálogo pasó muy rápido o no se entendió, con el texto mitiga la falta de volumen, porque eso sí, podrá ser muy teatro en casa, pero mamá lo obliga a poner la película de tal forma que el estruendo de la explosión no la levante de un salto de su cama al otro extremo de la casa.

Ah, pero las películas en DVD no son las que vienen en caja y con todos los contenidos extras, no, no, no, no... Son COPIAS compradas en San Andresito, Chapinero o cualquier mantel tendido en un andén. Porque la piratería de películas reinó en Colombia, no hay nada que hacer. Por unos cinco dólares se pueden comprar unas cuatro o cinco películas, sin importar el título,género o si es estreno o clásico (Lo siento Andrés López, esa batalla contra los DVDs piratas se perdió).

¿Y en qué afecta que sea copia y no original? En mi caso, a la hora de ver el DVD con papi en la sala, suele ocurrir que el audio viene comprimido y no activado para los seis parlantes, entonces el sonido de la película se escucha en segundo plano, obligando a poner más volumen para que se entienda y los subtítulos no siempre son los del DVD original, sino bajados de internet y pegados a la fuerza, por lo que suelen desincronizarse. Ah y obvio en casi todas sale varias veces este anuncio que parece patrocinador: "This motion picture is a copy provided only for awards consideration".

Y no falta uno que otro "¿qué dijo?" o apretón al botón de retroceder...

A papá ya le están vendiendo ideas en la calle: Netflix y televisores 4K. Que evolucione el mercado, que tengamos una casa con tecnología de siglo XXI, pero eso sí, que le garanticen que Silvester Stallone dirá: "¡Rayos!, ¡Como un demonio!,¡Chinga tu mad...!"







martes, 26 de mayo de 2015

¿Y este a qué se dedica?

Llegó la hora de ponernos serios y/o sentimentales y recordar las cosas con las que me han dado algún salario, es decir con lo que logro financiar una que otra escapada a alguno de esos otros sitios donde han salido la mayoría de historias que he publicado en el blog.

Que le paguen a uno por escribir y escribir y seguir escribiendo, incluso cuando no hay de qué escribir, es bueno porque con la práctica se van mejorando muchas cosas, voy corrigiendo el estilo y hasta voy incluyendo nuevas jergas que aparecen. Escribir no es fácil, muchas veces hay que sintetizar ideas o tratar de expresar emociones en frases y sí que es arduo hacer conjugar ambas cosas, pero en el camino se van consiguiendo.
Con Ana Ivanovic.

Estas son historias publicadas entre 2012 y 2015. No las seleccioné todas, sólo las que requirieron mayor esfuerzo o pertenecieron a momentos álgidos donde la adrenalina es tanta que lograr enfocar el cerebro para coordinar una sola frase es supremamente difícil.

Por ejemplo, los títulos de Santa Fe y Millonarios en Colombia después de tantos años de espera:


O aquél 8-0 del Real Madrid a Millonarios:


Y las notas que ambientan el temario principal, en este caso, dos crónicas sobre hinchas:

 Y si hablamos de momentos álgidos, recuerdo el título mundial de Caterine Ibargüen:

Y entre los más tensionantes, que al final resultaron reconfortantes: los ciclistas colombianos en Europa:



O por ejemplo las notas homenaje:


Y los trabajos en video que me aumentaron las bolsas negras u ojeras que llaman... ¡Y de gratis! (extras que no pagaron)

Haciendo cosas como las anteriores es que me gano la vida para poder salir allá al mundo y traer más de esas anécdotas e historias que alimentan este blog de vez en cuando.


miércoles, 29 de abril de 2015

El combo de Santi, Caro, Lili, Giga, Peta y Tera

Gracias a la tecnología, tuve recientemente una especie de clase o exposición vía Skype. Sí, desde un humilde escritorio de un sector medio de Bogotá, Colombia para el mundo, cruzando el océano, viajando por cable submarino miles de kilómetros hasta un punto del glamoroso Reino Unido.

¿Y quién iba creer que yo terminaría metiendo a la profe Isabel en esta disertación? Mmm, un momento ¿Quién es la profe Isabel? La profe Isabel es quien se encargó de enseñarme física en décimo y undécimo en el colegio. ¿Y por qué la terminé metiendo en una disertación intercontinental? Bueno, a ella nunca la mencioné, pero sí basé mi exposición en sus enseñanzas.

Todo se desprendió de una pregunta básica que recibí cuando hablaba por Skype: “¿260 gigas son bastante capacidad, verdad?” A lo que respondí: “Aparentemente sí, pero es relativo” Y, así, cuál teorema de álgebra, empezamos a enredar lo que parecía sencillo.

Recibí una contra pregunta: “¿Una giga a cuánto equivale?” Se vino el grueso de mi exposición que desde este humilde escritorio viajó kilómetros y kilómetros hasta tocar tierra, en la zona central de la isla británica y que comenzó con mi respuesta: -“Una giga equivale a mil megas”- Y enseguida lancé el dardo al tablero: “¿Y mil gigas a qué equivalen…?”

Esperaba una respuesta para que entráramos en el mismo tono de juego… tic… toc… tic… toc… pasaban los segundos y no oía la respuesta: “¿Qué sigue después de giga?” fue lo que escuché.

Wikipedia “too much”

Entonces, para explicar la escala que nos tenía hablando de Gigas, Megas y demás, nos tuvimos que remitir al Sistema Internacional de Unidades, o sea a física de décimo (Tal vez hay colegios pupis que hoy en día enseñan eso en quinto de primaria), y en mi caso, con la verdugo Isabel…

Fue, entonces como hábilmente desde el Reino Unido surgió el primer intento de respuesta a mi pregunta de equivalencias y todo gracias a Wikipedia. Estaban consultando Wikipedia para salir del enredo, pero terminaron enredándose más porque el cuadro ‘wikipédico’ está tan completo, que se hace complejo interpretarlo.

Por eso lo que debía ser una respuesta similar a “mil gigas son una tera”, terminó confundiéndose con unidades de masa y longitud y la ruta acabó desviándose hacia los gramos y los metros. En otras palabras, si hubiese sido un examen, la rajada fue inminente.

Sistema Internacional, con plastilina

Una manera didáctica para explicar puede ser la siguiente. Supongamos que el Sistema Internacional de Unidades es una ciudad como Bogotá. Allí en Bogotá hay familias de abolengo, que son las magnitudes básicas en física, pero para que sea digerible, esas magintudes en esta nota son las familias de abolengo o ‘high profile’. Esas familias se distinguen por sus apellidos: Los Valenzuela, los Urrutia, los Casas, los Buendía, los Pombo, los López y los Pizano. En física serían longitud, masa, tiempo, electricidad, luminosidad, temperatura y sustancia.

Y recientemente llegó a esta ciudad otra familia proveniente, digamos, de Europa, por ejemplo los Böckeman, que en el sistema internacional es la magnitud referida a la informática, integrada hace poco tiempo. O sea, los Böckeman se acabaron de trastear a Bogotá.

Cada familia tiene sus papás, sus hijos, abuelos, sus bisabuelos, sus nietos, bisnietos etc. No importa si son los Urrutia o los López. Siempre habrá descendientes.

Y a esas familias una cabeza sobresaliente las representará. Será esa persona la que salga en las páginas sociales de las revistas o hasta las carátulas. Son los delegados del abolengo ante la sociedad. Lo que el Sistema Internacional denomina Unidades básicas.

Por ejemplo, para el S.I. la unidad básica de la magnitud de tiempo es el segundo; en nuestras palabras, la cabeza que moja prensa y es infaltable en torneos de golf en la familia Casas, es el señor Alberto.

Hijos y ceros

El S.I. sugiere que por cada vez que aumente o disminuya el cero en una unidad, se le bautice con un prefijo a la nueva unidad. (¿complicado, verdad?) En nuestro ejemplo cachaco, lo que sugiere es que si el señor Alberto es la cabeza de la familia Casas, su hijo pasará a ser una nueva cabeza, por lo que no se puede llamar Alberto, pero si quiere puede llamarse Mateo Alberto jr.

O sea, si la unidad básica de longitud es el metro, el cero más cercano que tiene, si lo vemos en escala es el del número 10 (1 metro, 2 metros, 3 metros… 10 metros). Por eso 10 metros serán  1 decámetro. Y si disminuye el metro, entonces la pareja de cero y uno más cercana es la que encontramos en -10 ( -90, -80, -70, -60… hasta llegar al -10) Y a esa unión de -1 con ese cero, se le denomina decímetro.

Partiendo de ese principio, entonces un 1 con un 0 es bautizado deca, no importa si es de la magnitud de longitud o de masa (decámetro o decagramo) o de cualquiera de las otras seis.

Y si son dos ceros con el 1, entonces a 100 se le denomina hecto. En la unidad de masa sería hectogramo.  El 1 con tres ceros se conoce como: kilo.

Giga, Tera, Peta, Natis, Marce, Lili

¿Y para qué rebautizar cada vez que aparezca un nuevo cero? Sencillamente para facilitar el nombre de las cosas. Y en vez de decir: “Me vende 1000 gramos de arroz”, le queda más fácil que diga: “¿me haces el fa’ de venderme un kilo de arroz?”. Aunque increíblemente también es válido que diga: “me vende un millón de miligramos de arroz”, pero corre el riesgo de que no le entiendan y lo saquen a palo de la tienda.

Es igual que con nuestras familias. Si la hija de la segunda generación Urrutia se llama Ángela Carolina Urrutia Santamaría de LeRoux. Para evitar tanta letra y ahorrar tiempo, a ella todo el mundo la llamará: Caro (Porque odia el primer nombre: Ángela, que se lo pusieron para honrar a la tía, pero no puede deshacerse de él, así nunca lo mencione) y así le será más fácil a todo el mundo reconocerla. Hasta el chofer de la ruta la saludará: “Niña Caro, ¿cómo me le baila?”.

Es decir, que no está mal llamarla Ángela Carolina Urrutia Santamaría de LeRoux, hija de Santiago Andrés Urrutia Ocampo y nieta de Nando Urrutia Vélez. Lo que en el S.I. equivale a decir que 1.000.000 de miligramos  es lo mismo que un 1 kilo. En resumen, que Ángela Carolina Urrutia Santamaría de LeRoux, hija de Santiago Andrés Urrutia Ocampo y nieta de Nando Urrutia Vélez es lo mismo que Caro.

Y la misma historia ocurrirá con Pili, Lili, Nico, Mafe, Mapis, Gio, Pipe, Tepi, Nati, etcétera.

En conclusión, Giga viene siendo el nieto de Kilo, el hijo de Mega y el papá de Tera. ¿Entendido? Gracias y ojalá respondan así sus exámenes de física y verán la misma cara que un día puso la profe Isabel y lo didácticas que saldrán sus conversaciones intercontinentales…

Twitter: @alejodiceque

Un poquito fanático de Montoya

Sólo cuando él tiene 39 años vengo a darme cuenta de que soy un 'Montoyadependiente' y sólo ahora que reviso la cantidad de material que guardé de él puedo decirlo y reconozco que sí soy su fan. A Juan Pablo Montoya ni lo conozco en persona, pero qué importa, para bautizarme como uno de sus fanáticos basta con recordar cada maroma que he hecho para seguir su carrera.

Obvio fue su momento en Fórmula Uno en el que la fiebre era evidente, aunque en ese entonces no haya sido consciente de que preferí comprarle a Montoya su álbum de BonBonBum sobre los cuadernos de Ana Sofía Henao o cualquier disco de Metallica...

Todo empezó en 1999, cuando ganó en Long Beach. Por radio, Germán Mejía Pinto se descocía de la emoción al reportar a Montoya como el ganador de la válida en la Fórmula Cart. Desde entonces, el Canal Uno compró las transmisiones de la temporada y Caracol Radio le abrió un espacio en una de sus emisoras a los Mejía para que transmitieran sus carreras.

Fue como si hubieran anunciado el IPhone o la integración de tarjetas en Transmilenio: absoluto éxito de taquilla. Montoya ya había corrido dos válidas ese año, pero solo fue después de Long Beach que me inocularon la fiebre Montoyadependiente.

Por fortuna la mayoría de carreras era en horario dominical y decente, es decir pasado el mediodía, pero había sus excepciones y es ahí cuando debo reconocer que sí me volví su fanático. La Cart competía en Australia y a medianoche en Colombia, en mi casa todos andábamos como si fuera 24 de diciembre, solo que sin la música de ¡Candeeeela!, ni el vecino con la de ¡Oooooolímpica se metiooooooó!

Una vez, una de las carreras no pudo terminar el domingo por lluvia y decidieron acabarla el lunes: ¡Nooooooo! En plena clase iba a ser imposible seguirla, pues un inconsciente afiebrado como yo no iba a dejar que eso pasara. Con sigilo y la experticia de agente de la DEA, me camuflé un audífono pequeño que salía por una de las mangas de mi camisa y cada vez que podía me llevaba la mano a la oreja y problema resuelto... "Viene Montoya, cruuuuuuza Montoya... ¡Atención pits, pits, pits... A pits Montoya! ¿En qué clase estaba?, quien sabe.

No salí a echar harina ni a pitar cuando quedó campeón, ni de las 500 millas de Indianápolis ni de la temporada. Qué pésimo fanático o qué pobre muérgano al que su mamá no le dejaba asaltar la cocina.

Una vez el hombre pasó a la Fórmula Uno, la mercadotecnia hizo de las suyas y en consecuencia resulté con tanta maricadita de esa época: afiches, camiseta Michelin, revistas, fotos, grabaciones hasta mis diseños de calendarios con las escuderías y pilotos.

La Gran Carpa obligaba a madrugar. Sí y no solo los domingos, también los sábados porque fanático mamerto que se respete siguió las clasificaciones completas, las 18, una tras otra cada uno de los años en que compitió en la máxima categoría.

Los primeros años fueron tortuosos, porque la Fórmula Uno es un negocio que no se compra de emergencia al tercer domingo de la temporada y en ese entonces los derechos exclusivos los tenía un canal, hoy en Q.E.P.D., llamado PSN. Quedaban dos soluciones o tener el cable con PSN o la cuasi-extinta parabólica con la señal de O Globo (el único que podía transmitir en directo a parte de PSN) En mi casa no había ni a ni b. OMG! Pues a la casa de una amiga de mi hermana fui a parar. Sí, ¡Todos los domingos de carrera a las 6:40 a.m. iba a despertar a esa familia para que me dieran permiso de ver la carrera! Sólo un fanático desquiciado hace esas cosas...

Y si tenía clases de 7:00 los sábados, me quedaba en la puerta del salón hasta que cantaran "bandera a cuadros" pero no entraba sin saber en qué posición había clasificado. Los locos fuimos muchos, hasta los gerentes que decidieron unir Caracol y RCN: "una sola radio para la Fórmula Uno".

Cómo olvidar aquel domingo en que Montoya hizo una de las maniobras más grandes de la historia de la Fórmula Uno, cuando en Brasil pasó a Michael Scumacher, en su tercera carrera en la categoría... ¡Y yo en un colectivo! WTF???? Tenía trabajo de grupo de la universidad y no había logrado estar a tiempo en la casa donde nos reuníamos (a tiempo para la carrera porque para la cita sí iba puntual). Cuando llegué, obvio pedí la señal contra viento y marea en aquel lugar (La familia Rincón) donde el televisor era un adorno al que le pasaban la plumilla de limpiar polvo nada más.


Y si la carrera en Malasia o Japón y la hora no ayudaba, no importaba, ahí estaba despierto escuchando por radio, es más una vez mientras en el bar sonaba Joe Arroyo, yo con mi audífono camuflado seguía a Montoya en Suzuka.

Me tocó vivir la época en la que decidió dar el salto y cambiar la Fórmula Uno por la Nascar cuando trabajaba en El Tiempo. Ese día, aquél domingo fue enorme para mí, pues vi cómo el grupo de periodistas de deportes logró convencer a Montoya de hablar desde Estados Unidos, donde hizo el anuncio, para el periódico. Aquél día no fue el fanático sino el periodista el que presenció la noticia.

El hombre regresó a la Indy, donde tiene nuevamente más chances de ser protagonista y donde le volví a tomar el vuelo. Algunos lo creen vetusto y ya casi un ex, no tengo idea cuántos años más siga, pero sé que por él es que sé algo de automovilismo y es por él que nuevamente vuelvo a estar en la jugada y no soy al único que le pasa lo mismo.


Ah, y un dato más que sustenta mi confesión: ¡Gracias a Montoya tengo visa americana! Sí, le dije al cónsul que lo quería ir a ver en Indianápolis y me selló el pasaporte, al fin y al cabo tengo que reconocerlo soy 'Montoyadependiente'.

Twitter: @alejodiceque


sábado, 28 de junio de 2014

Colombia siempre mejora su historia con goles hermosos

El partido que marcó un hito, que puso un punto en alto y atravesó un listón monumental en la historia del fútbol colombiano llegó adornado de un regalo que solo los grandes maestros, los cracks, son capaces de realizar. James Rodríguez se encargó de crear una obra, una verdadera maravilla para estamparla en la memoria colectiva del país, el 1-0 ante Uruguay, ese magistral gol fue la alfombra roja que le dio la bienvenida al capítulo más grande y jamás escrito por el fútbol colombiano: meterse entre los ocho mejores de un Mundial.

Y es que no podía ser de otra forma. Colombia y Uruguay jugaban en el Maracaná, el templo del fútbol. El Olimpo donde cualquiera que patee un balón quisiera estar y donde grandes maestros del 'jogo bonito' encabezados por Pelé desfilaron con su talento, marcando goles de enormes facturas. Esos antepasados volvieron este recinto un espacio sagrado para el fútbol y si algún futbolista tiene el honor de jugar ahí, por respeto debe rendirle honores con talento, por eso, en el juego histórico para Colombia no cabía gol feo y James elaboró uno con su adn y finalizó otro gestado con el tradicional toque de la Selección.

Foto: @FIFAWorldCup
El maestro zurdo se guardó su eterno lugar en la historia de los mundiales a los 28 minutos del partido. Recibió el globo de cabeza que le entregó Abel Aguilar, quien luchó porque Colombia no perdiera el balón en la jugada que le antecedió; James puso su pecho como si fuese una pista de aterrizaje para que la bola allí fuese a parar. Mientras el balón pedía 'pista' James ya le había dado destino en su mente, por eso cuando el Brazuca tocó su escudo, inició la media vuelta y sacó el pincel, se puso de frente, vio el lienzo, allá estaba el arquero Fernando Muslera,  y sin dejar que el balón tocara el suelo, le metió el zurdazo, parado a 20 metros de distancia, envió el remate contra las pestañas del horizontal, hizo volar al uruguayo y firmó su majestuosa obra: ¡GO-LA-ZO!

Así ha sido en la historia

La corta historia de Colombia en los mundiales se cuenta con golazos. En 1962 Colombia jugó por primera vez en la máxima cita orbital. Pocos recuerdan aquél equipo dirigido por Adolfo Pedernera, casi nadie tiene en su memoria los tres resultados de la Selección en el torneo, salvo el 4-4 ante la Unión Soviética. Colombia perdió en el debut 1-2 ante Uruguay y cayó en el cierre 0-5 con Yugoslavia.

Pero en el 4-4 histórico quedó una joya que sigue vigente: el gol olímpico de Marcos Coll. Un golazo ante la 'Araña' Negra, el famoso y mítico Lev Yashin. Al más grande, uno de los nuestros le hizo el único gol olímpico de todos los mundiales.

Y en Italia 90, nadie olvida el minuto 47 del segundo tiempo ante Alemania en el Giuseppe Meazza de Milán. Nadie deja de suspirar una y otra vez cuando se repiten, en esos videos desgastados y borrosos los segundos de gloria en los que el 'Pibe' Valderrama trianguló con los mediocampistas hasta que se destapó Freddy Rincón y le lanzó el pase de ensueño, que el vallecaucano enalteció con su hermosa definición entre las piernas de Bodo Illgner. Un gol que se ha cantado durante 24 años y había
sido tildado como el momento cúspide de nuestro fútbol.

Colombia estuvo en Estados Unidos 94 y Francia 98, pero su participación fue frustrada y a pesar de que consiguió cinco goles en estas dos ediciones, no son tan valorados como estas otras maravillas, en cambio, en su regreso mundialista, en Brasil 2014, Colombia vuelve a tejer una gran proeza y con ella tiene anidada goles de gran calidad, goles que sí van a quedar en la posteridad, no solo por su clase, sino por lo que significan, pues la Selección se está abriendo camino en su historia y está sentando un precedente internacional, que no sabemos que magnitud tendrá.

Cada vez que Colombia mejoró su historia, lo hizo dejando grandes recuerdos gracias a los botines de Coll, de Rincón y ahora de Rodríguez. ¡Esto es para nunca olvidar!

Twitter: @alejodiceque

martes, 24 de junio de 2014

"Mondragón, dale, dale rápido que entrás"

Un periodista británico describió el momento al minuto 81 del partido con una frase: "Mondragón en 1998 era un mar de lágrimas en Lens y hoy es un mar de llanto... pero de felicidad"... Y sí, ese océano de lágrimas que hablaban por el pundonor, por las ganas de querer seguir compitiendo en el Mundial, por el dolor de dejarlo todo en la cancha, de entregarse hasta el último minuto, eran la expresión de Colombia aquél día en que Inglaterra le daba el adiós a la Selección del Mundial, pero 16 años después las mismas lágrimas, corriendo por esas mejillas más añejas tuvieron otro sabor, al dulce sabor de la victoria, de palpitar y respirar un sueño cumplido.

Faryd Mondragón se convirtió el 24 de junio de 2014 en el jugador más veterano en competir en un Mundial de fútbol y al mismo tiempo en el jugador que más tiempo esperó para volver de un Mundial a otro, pues es el único que aguardó 16 años para regresar a la máxima cita orbital. Además es el primer arquero colombiano en atajar en dos Mundiales, Francia 98 y Brasil 2014.

No era su plan inicial

Mondragón regresó a Colombia a sus 41 años para darle fin a su larga y prolongada carrera como futbolista activo. Aceptó el proyecto del Deportivo Cali con el que sus ganas de seguir jugando se extendieron más de lo planeado.

Él no le puso límite a su última palomita en el fútbol competitivo, dejó que el mismo destino fuese decidiendo, pero en ese plan no tenía pensado el regreso a la Selección Colombia. Su meta era el Cali y poder festejar un título en el país, pero por algo, había dejado que el destino fuese su mánager. Mondragón ingresó al plan de Pékerman en la eliminatoria mundialista y no por uno ni dos, o algún amistoso atravesado, sino para todo el proceso.

El arquero caleño se volvió a contagiar de la tricolor desde agosto de 2012 y desde entonces fue parte de la simbiosis a la cuál hoy pertenece. Una vez Colombia confirmó su presencia en Brasil 2014, no tuvo duda de que esa era la meta que el destino le había preparado. Mondragón luchó para entrar en la convocatoria mundialista, su último año en Cali lo pasó con buena nota, incluso con otros dos premios recogidos en el camino, volvió a Copa Libertadores y alzó un título en Colombia, el de la SuperLiga.

Su reloj biológico le marcaba ya 42 años cuando la ilusión de verse de nuevo en un Mundial pasaba a ser cierta. Mondragón volvería a la máxima cita de cualquier futbolista, solo necesitaba unos pocos minutos para tomar revancha y devolverle al destino una cara distinta a la de la derrota.

El mayor entre 736

Mondragón apareció en el registro estadístico de FIFA como el hombre de mayor edad inscrito dentro de los 736 nombres que harían parte de Brasil 2014, un lujo de pocos, muy pocos. Pero la sorpresa sería mayor cuando por coincidencias del mismo destino, su edad podía dejarlo como el hombre récord de los Mundiales, superando al camerunés Roger Milla.

El arquero sabía que su presencia en la Selección era más para aprovechar sus cuatro décadas de bagaje y su memoria mundialista, esparciendo enseñanzas entre los demás jugadores y que su posibilidad de actuar era difícil, mas nunca perdió el profesionalismo y siempre estuvo al 110%, porque ese es el deber de un suplente y ante la inminente posibilidad de establecer la marca, su ilusión creció con el pasar de los días, desde que inició la concentración final.

En el calendario había una posibilidad: el tercer partido, pero dependía de que Colombia llegara clasificada o que ya estuviera eliminada. El escenario ideal era el primero, porque el segundo sonaba más a premio de consolación y así no se podía enmarcar su despedida.

Después del campañón de Colombia en el grupo, sumar seis puntos y clasificarse anticipadamente, se dio lo que el destino quería que se diera para Mondragón: el escenario ideal, Colombia jugaba ante Japón en Cuiabá sin comprometer su avance, solo faltaba el visto bueno de José Pékerman.

Un deseo contenido que estalló a los 84 minutos

Los 23 jugadores deseaban, de dientes para adentro, que el seleccionador le diera el sí a Mondragón y lo dejara jugar. Ante las cámaras los jugadores ocultaban la ansiedad con respuestas de mantener primero el espíritu de equipo, sin embargo el deseo seguía ahí. Pékerman anunciaba la nómina con ocho cambios y David Ospina, el arquero titular, se mantenía.

Ahora todo dependía de que los hombres en cancha hicieran todo perfecto para que con la tranquilidad del resultado, Pékerman se animara a hacer la sustitución.

Al final de los primeros 45 minutos, Colombia y Japón igualaban 1-1 y Colombia mostraba más dudas que fortalezas. El técnico argentino dio un timonazo en el camerino y realizó dos cambios de una sola vez. James Rodríguez y Carlos Carbonero ingresaron por Juan Fernando Quintero y Juan Guillermo Cuadrado. ¡Solo quedaba un cambio por consumir! Nada podía salir mal, los once muchachos en cancha debían arreglar el resultado y llenar de confianza a Pékerman, además ninguno se podía lesionar, o el destino de Mondragón cambiaría.

Y fue a los 81 minutos cuando Jackson Martínez acabó con angustias, ansiedades, dudas, rabias, euforias y abrió el telón. 'Cha cha chá' marcó el 3-1 con el que Colombia aseguró el resultado. Fue la celebración más esperada, ese gol fue la prueba de fe que el técnico estaba esperando para romper su silencio y emitir la orden. Pékerman no lo dudó un segundo más, se dirigió a Mondragón y le dijo: "dale, dale rápido, que entrás".

"El papá de los Mundiales"

Mondragón ni siquiera calentó, se puso los guantes, le dio un beso de agradecimiento a Pékerman, beso de fe, beso que materializó un sueño, que quedará grabado en sus memorias para la eternidad.

El reloj ya marcaba el minuto 82 cuando el cuarto árbitro marcó los números de quien entraba y quien salía. Pasó un minuto más hasta que el juego se detuvo.

David Ospina abandonaba el área mientras le pedía a los miles de asistentes al Arena Pantanal, sin importar el color de su bando, que aplaudieran porque el anhelado momento histórico estaba por presentarse y tenía que tener un ambiente digno de recepción, al punto que sin importar en qué lugar del planeta lo estuvieran viendo en una pantalla de televisión, se sintiera la misma conmoción que ellos estaban protagonizando en la cancha.

El cronómetro marcaba los segundos finales del minuto 83 cuando Ospina llegó a la raya y se saludó con Mondragón. Fue un abrazo generacional, quizás de padre a hijo, porque eso que acontecía, como tituló un noticiero, era la confirmación de que Mondragón se convertía en el "papá de los Mundiales".

Y con una cara de incredulidad ante la gesta, incapaz de contener las lágrimas y al aplauso unísono del estadio, Mondragón ingresó y se ubicó en la portería. Era ya el minuto 84 de juego cuando se reanudó el partido y oficialmente a sus 43 años y tres días cumplidos, el arquero colombiano bajaba al camerunés Milla de ese récord y se lo imponía a sí mismo hasta que algún otro 'papá' quiera arrebatárselo en un futuro. Para los que presenciaron, el momento fue sublime, para él fue un torbellino de sentimientos que tuvo que maniobrar, porque la bola estaba en juego y su deber era mantener a salvo el arco de Colombia.

Once minutos después terminó el partido, con cinco de ellos de adición, y con marcador final de 4-1 sobre Japón, Mondragón cerró su carrera bajo los tres palos. Volvió a llorar al tercer partido como hace 16 años en Francia, pero ahora triunfante y como hombre récord, parado en el centro de Suramérica y en medio de la ovación de miles que lo recordarán como un héroe.

El Mundial no acabó para Colombia en el juego ante Japón y solamente el mánager de Mondragón, el destino, será el que diga cuando será el momento final de su última travesía futbolística llamada Brasil 2014, hasta entonces podrá seguir escribiendo la historia que no acaba de contarse...

Twitter: @alejodiceque

sábado, 25 de enero de 2014

14 comercialazos cantables volumen único

Qué tal si hacemos un recorderis de los comerciales que se nos quedaron grabados en la memoria porque es muy fácil repetir lo que decía su contenido, que era cantado, como una especie de eso que los publicistas decidieron llamar 'jingle'.

Los 14 comerciales que seguramente son de los más cantados por los colombianos (lo siento por los latinoamericanos que leen también este blog) desde que salió la tv. Bueno en realidad lleva más de 50 años pero solo desde los 80, que tuvo auge la publicidad en televisión es que se notó el esfuerzo por hacer que estos productos llegaran a la memoria del consumidor.

Y ojo, no solo fueron diseñados para televisión, de hecho como son 'canciones', en radio también impactaron y sonaron mucho. Por eso esta lista se basa en los que cantamos, porque ahí en el mundo de los 'tops' aparecen listados de los más recordados o los mejores, o los peores... en fin, esta lista no es visual, es para cantar.


 Aquí está la recopilación de los 14 comercialazos cantables volumen único... para siempre.

1. Magicolor, ¡color, color!, doble punta, doble color.


2. Siempre Coca-Cola




3. Navidad Águila Roja.


4. Águila Roja, un granito de café


5. Quipitos, qué sensación más loca




 6. La fina, la margarina (Que se canta combinando todas las vocales... la Fana la margarana...)


7. BBVA, Adelante 


8. GenfarGrip, hecho solo para radio





9. Doria, una semana completa


10. Postobon, con Manolo Cardona


11. Gudiz... (Para los más retros)



12. Detergente Top (Un himno)



13. Parmalat.



14. Colgate. Doctor Muelitas


BONUS TRACK (Como todos los 14 comercialazos cantables, este debía tener un extra) Hora de Acostarse.




Y se quedaron unos cuantos más por fuera, pero es que eran 14 nada más. Igual si recuerdan, están "recatadas tranquilitas con su Lipton Tea...", o "La gente quiere a la gente, la gente quiere a Conavi", o "De dónde son tus zapatos, son Jazz, son Jazz"... Entre los que se guardan en la memoria de cosas que quien sabe si sean importantes, pero ahí quedan guardadas, para siempre.

Twitter: @alejodiceque