sábado, 30 de julio de 2011

Colombia ya no fue el mejor Mundial de la historia ¡ash, lástima!

Es en serio, este Mundial sub-20 ya no fue el mejor de la historia. Tantos errores no pueden acreditar ese título. Más bien, vayamos pensando que en los meses venideros tendremos a las IAS investigando (Fiscalía, Procuraduría, Contraloría) cómo fue que se manejó el operativo del Mundial por parte de los funcionarios públicos.

Las dos cosas más visibles en un evento de estos son dos: Los Estadios y la ceremonia de inauguración. No importa si son Juegos Olímpicos, Mundial de mayores, Panamericanos, etc; lo que captura el interés de la mayoría de lectores y televidentes en el mundo son estas dos particularidades. Miremos, cómo le fue a Colombia.

Inauguración

Según la organización de Barranquilla, la inauguración iba a ser apoteósica, magnánima, algo nunca antes visto. 625 grupos, que suelen participar en el Carnaval iban a hacer ochas y, por ende, panochas. Más de 2000 personas iban a pisar el escenario para deleitar visualmente al mundo con su espectáculo. Lo triste es que el espectáculo, la parte esencial, no deleitó para nada. Fue como probar una masa insípida, incolora e inodora. (Vayan haciendo cuentas a dónde fue a parar esa platica)

¿No pensaron en la transmisión de televisión? Más de un año para preparar 32 minutos de ceremonia y parece que no tuvieron en cuenta a las cámaras de televisión. Cuando el estadio apagó las luces para el inicio del evento, es como si jamás hubieran vuelto a encenderlas. Todo se quedó en penumbras. Usaron ‘spotlights’ (apuntadores) para seguir al que tenía la acción en el acto. Pero esos spots parecían luces de jardín, al llegar al protagonista ya la intensidad de su luz se había perdido. En un televisor moderno, de pantalla LCD, esa iluminación se veía de relleno, no principal. El resultado, figuras opacas paradas en la cancha logrando que fuera mucho más atractiva la televisación de una sesión del Senado.

Semanas atrás, la organizadora de la coreografía, Rosanna Lignarolo, en una entrevista dejó prever que iba a ser un acto muy ‘a la colombiana’. Palabras más, palabras menos dijo que acá no existían ni los recursos ni la tecnología para siquiera imitar lo que años atrás el mundo ha visto en las ceremonias de Pekín 2008 o Suráfrica 2010. Lo cual es cierto, pero entonces había que recurrir al ingenio, al tan famoso ingenio que nos hace inflar el pecho. Supuse que ante la falta de pantallas led, lasers y demás ayudas tecnológicas, debíamos volver al pasado. Y el pasado del arte no necesitaba tecnología para deslumbrar. Necesitaba colores, aprovechar lo que la misma tierra y las leyes de la física dan. ¿No era fácil pensar en jugar con telas multicolores, fuego, muñecos gigantes, espejos... en fin cosas que indicaran luz, energía, movimiento? La única que apareció colorida (se veía corroncha) fue Maía.

Y el ostentoso título de ‘Directora Artística del show inaugural’, que se ve muy bien en una hoja de vida, apenas dio para la increíble idea de poner a bailar a 2000 personas cual discoteca por 30 minutos. Eso fue el acto inaugural. Una discoteca que ni siquiera tuvo buena iluminación y no tuvo en cuenta a la televisión.
¿Y por qué no a la televisión? Muchos planos así lo demostraron. La cámara buscaba y buscaba a quién tomar, en quién fijarse, pero no lo lograba. Por algunos segundos encontró a una niña que bailaba sola y desamparada y daba vueltas y vueltas ¡tan linda! ¡Una toma perfecta de presentación de colegio! Y en otros momentos encontró a la bailarina gorda y excedida en estética para la pantalla. Tal vez, fue la salida de emergencia para la tv, que por los problemas de iluminación, esta mujer de proporciones, le ayudaba a tapar ese problemita.

Y el momento más crítico fue cuando el ‘Checo’ Acosta en medio de su interpretación empezó a pedirle a las tribunas la ola, la famosa ola. Indirectamente le dijo a la cámara, vete del escenario, pégate al público que allá te va mejor. Y la cámara muy obediente se alejó de ‘Checo’ y se fue en busca de la ola. La pobre cámara llegó a bocas de ceniza y nunca la encontró. Todo porque el estadio estaba en penumbras. ¡La tribuna a oscuras haciendo olas que en tv nunca se vieron! Y ‘Checo’ seguía cantando... “la olaaa...” y la pobre cámara ahogada en la oscuridad del Metropolitano.

Si al show de discoteca le sumamos que el canal más visto en Colombia, RCN, tuvo fallas de sonido toda la noche, imagínense cómo se vio el paquete inaugural del mejor Mundial de fútbol.

Estadios

La arquitectura de los escenarios es el otro atractivo de estos eventos. Las fotografías de estas obras circulan por todo lado, hasta en revistas de farándula. Sencillamente es lo que llama la atención. Y, aparte de Pereira y Medellín, ¿Qué encontramos en Colombia? Que a 48 horas del inicio del Mundial, el Pascual Guerrero tiene un techo improvisado porque no pudieron terminar el que debe ir. ¡Le hicieron un camerino de 1,65mts de altura! ¡Por Dios! ¡Cali es la nueva ciudad de los hobbits!

Un Campín con una renovada tribuna, con supuestamente todos los lujos y comodidades... hasta que llueva. ¡Increíble! Pero el que paga dos o tres veces por una boleta en esta nueva tribuna no tiene techo que lo proteja del sol ni del agua, le da lo mismo estar en la popular.

Eso, sin mencionar lo que, repito, seguramente en los meses venideros ha de llegar: Investigaciones por excesos en la contratación de adecuación de estos escenarios. Ya se habla de la pantalla del estadio en Cali, de la silletería en Manizales, del piso de los camerinos en Bogotá... Y seguirán apareciendo casos.

Y solo en el país ‘GarcíaMarquiano’ podía pasar que el juego número uno del Mundial fuera el que cerrara el primer día de competición. Que el cuarto juego de la noche fuera el inaugural. Hasta en las matemáticas nos nublamos.

Obvio, no hay que dejar atrás el famoso episodio de las policías bailándole a la delegación inglesa en el aeropuerto de Rionegro. Hay quienes pueden estar pensando que es bochornoso lo que hicieron. ¡No! No es bochornoso, si tenemos en cuenta que estamos haciendo el Mejor mundial de la historia. Ya quisiera Bogotá tener aunque fuera un auxiliar bachiller batiendo el bolillo en el sitio de recepción de El Dorado.

Pero todos estos detalles, son pasables. A cualquiera le puede pasar. Lo que de rabia es tener que seguir escuchando a algunos personajes convencidos de que estamos haciendo el mejor Mundial de la Historia. Esa hipocresía, es lo imperdonable.

Twitter: @alejodiceque

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