martes, 24 de junio de 2014

"Mondragón, dale, dale rápido que entrás"

Un periodista británico describió el momento al minuto 81 del partido con una frase: "Mondragón en 1998 era un mar de lágrimas en Lens y hoy es un mar de llanto... pero de felicidad"... Y sí, ese océano de lágrimas que hablaban por el pundonor, por las ganas de querer seguir compitiendo en el Mundial, por el dolor de dejarlo todo en la cancha, de entregarse hasta el último minuto, eran la expresión de Colombia aquél día en que Inglaterra le daba el adiós a la Selección del Mundial, pero 16 años después las mismas lágrimas, corriendo por esas mejillas más añejas tuvieron otro sabor, al dulce sabor de la victoria, de palpitar y respirar un sueño cumplido.

Faryd Mondragón se convirtió el 24 de junio de 2014 en el jugador más veterano en competir en un Mundial de fútbol y al mismo tiempo en el jugador que más tiempo esperó para volver de un Mundial a otro, pues es el único que aguardó 16 años para regresar a la máxima cita orbital. Además es el primer arquero colombiano en atajar en dos Mundiales, Francia 98 y Brasil 2014.

No era su plan inicial

Mondragón regresó a Colombia a sus 41 años para darle fin a su larga y prolongada carrera como futbolista activo. Aceptó el proyecto del Deportivo Cali con el que sus ganas de seguir jugando se extendieron más de lo planeado.

Él no le puso límite a su última palomita en el fútbol competitivo, dejó que el mismo destino fuese decidiendo, pero en ese plan no tenía pensado el regreso a la Selección Colombia. Su meta era el Cali y poder festejar un título en el país, pero por algo, había dejado que el destino fuese su mánager. Mondragón ingresó al plan de Pékerman en la eliminatoria mundialista y no por uno ni dos, o algún amistoso atravesado, sino para todo el proceso.

El arquero caleño se volvió a contagiar de la tricolor desde agosto de 2012 y desde entonces fue parte de la simbiosis a la cuál hoy pertenece. Una vez Colombia confirmó su presencia en Brasil 2014, no tuvo duda de que esa era la meta que el destino le había preparado. Mondragón luchó para entrar en la convocatoria mundialista, su último año en Cali lo pasó con buena nota, incluso con otros dos premios recogidos en el camino, volvió a Copa Libertadores y alzó un título en Colombia, el de la SuperLiga.

Su reloj biológico le marcaba ya 42 años cuando la ilusión de verse de nuevo en un Mundial pasaba a ser cierta. Mondragón volvería a la máxima cita de cualquier futbolista, solo necesitaba unos pocos minutos para tomar revancha y devolverle al destino una cara distinta a la de la derrota.

El mayor entre 736

Mondragón apareció en el registro estadístico de FIFA como el hombre de mayor edad inscrito dentro de los 736 nombres que harían parte de Brasil 2014, un lujo de pocos, muy pocos. Pero la sorpresa sería mayor cuando por coincidencias del mismo destino, su edad podía dejarlo como el hombre récord de los Mundiales, superando al camerunés Roger Milla.

El arquero sabía que su presencia en la Selección era más para aprovechar sus cuatro décadas de bagaje y su memoria mundialista, esparciendo enseñanzas entre los demás jugadores y que su posibilidad de actuar era difícil, mas nunca perdió el profesionalismo y siempre estuvo al 110%, porque ese es el deber de un suplente y ante la inminente posibilidad de establecer la marca, su ilusión creció con el pasar de los días, desde que inició la concentración final.

En el calendario había una posibilidad: el tercer partido, pero dependía de que Colombia llegara clasificada o que ya estuviera eliminada. El escenario ideal era el primero, porque el segundo sonaba más a premio de consolación y así no se podía enmarcar su despedida.

Después del campañón de Colombia en el grupo, sumar seis puntos y clasificarse anticipadamente, se dio lo que el destino quería que se diera para Mondragón: el escenario ideal, Colombia jugaba ante Japón en Cuiabá sin comprometer su avance, solo faltaba el visto bueno de José Pékerman.

Un deseo contenido que estalló a los 84 minutos

Los 23 jugadores deseaban, de dientes para adentro, que el seleccionador le diera el sí a Mondragón y lo dejara jugar. Ante las cámaras los jugadores ocultaban la ansiedad con respuestas de mantener primero el espíritu de equipo, sin embargo el deseo seguía ahí. Pékerman anunciaba la nómina con ocho cambios y David Ospina, el arquero titular, se mantenía.

Ahora todo dependía de que los hombres en cancha hicieran todo perfecto para que con la tranquilidad del resultado, Pékerman se animara a hacer la sustitución.

Al final de los primeros 45 minutos, Colombia y Japón igualaban 1-1 y Colombia mostraba más dudas que fortalezas. El técnico argentino dio un timonazo en el camerino y realizó dos cambios de una sola vez. James Rodríguez y Carlos Carbonero ingresaron por Juan Fernando Quintero y Juan Guillermo Cuadrado. ¡Solo quedaba un cambio por consumir! Nada podía salir mal, los once muchachos en cancha debían arreglar el resultado y llenar de confianza a Pékerman, además ninguno se podía lesionar, o el destino de Mondragón cambiaría.

Y fue a los 81 minutos cuando Jackson Martínez acabó con angustias, ansiedades, dudas, rabias, euforias y abrió el telón. 'Cha cha chá' marcó el 3-1 con el que Colombia aseguró el resultado. Fue la celebración más esperada, ese gol fue la prueba de fe que el técnico estaba esperando para romper su silencio y emitir la orden. Pékerman no lo dudó un segundo más, se dirigió a Mondragón y le dijo: "dale, dale rápido, que entrás".

"El papá de los Mundiales"

Mondragón ni siquiera calentó, se puso los guantes, le dio un beso de agradecimiento a Pékerman, beso de fe, beso que materializó un sueño, que quedará grabado en sus memorias para la eternidad.

El reloj ya marcaba el minuto 82 cuando el cuarto árbitro marcó los números de quien entraba y quien salía. Pasó un minuto más hasta que el juego se detuvo.

David Ospina abandonaba el área mientras le pedía a los miles de asistentes al Arena Pantanal, sin importar el color de su bando, que aplaudieran porque el anhelado momento histórico estaba por presentarse y tenía que tener un ambiente digno de recepción, al punto que sin importar en qué lugar del planeta lo estuvieran viendo en una pantalla de televisión, se sintiera la misma conmoción que ellos estaban protagonizando en la cancha.

El cronómetro marcaba los segundos finales del minuto 83 cuando Ospina llegó a la raya y se saludó con Mondragón. Fue un abrazo generacional, quizás de padre a hijo, porque eso que acontecía, como tituló un noticiero, era la confirmación de que Mondragón se convertía en el "papá de los Mundiales".

Y con una cara de incredulidad ante la gesta, incapaz de contener las lágrimas y al aplauso unísono del estadio, Mondragón ingresó y se ubicó en la portería. Era ya el minuto 84 de juego cuando se reanudó el partido y oficialmente a sus 43 años y tres días cumplidos, el arquero colombiano bajaba al camerunés Milla de ese récord y se lo imponía a sí mismo hasta que algún otro 'papá' quiera arrebatárselo en un futuro. Para los que presenciaron, el momento fue sublime, para él fue un torbellino de sentimientos que tuvo que maniobrar, porque la bola estaba en juego y su deber era mantener a salvo el arco de Colombia.

Once minutos después terminó el partido, con cinco de ellos de adición, y con marcador final de 4-1 sobre Japón, Mondragón cerró su carrera bajo los tres palos. Volvió a llorar al tercer partido como hace 16 años en Francia, pero ahora triunfante y como hombre récord, parado en el centro de Suramérica y en medio de la ovación de miles que lo recordarán como un héroe.

El Mundial no acabó para Colombia en el juego ante Japón y solamente el mánager de Mondragón, el destino, será el que diga cuando será el momento final de su última travesía futbolística llamada Brasil 2014, hasta entonces podrá seguir escribiendo la historia que no acaba de contarse...

Twitter: @alejodiceque

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